
¿Por qué escribo? La respuesta no es sencilla, ya que mi viaje como escritor empieza desde la primera idea, hasta el concepto de crear una historia que tenga la capacidad para emocionar al lector.
Pienso que escribir es una de las mejores formas de estar en el mundo y de dar rienda suelta a mi creatividad. Es una necesidad constante que me acompaña desde hace años. Escribo porque me gusta hacer realidad mis ideas y contar historias, utilizar el lenguaje como símbolo de transmisión de vivencias, fantasía y emociones.
Mi viaje como escritora no empieza con una vocación solemne ni con un momento épico, sino desde lo más cotidiano. Desde ideas escritas en mi libreta de notas, personajes y escenas que se forman en mi cabeza o un sentimiento que necesita convertirse en lenguaje.
Por qué escribo: Todo empieza por una idea
Siempre me he considerado una persona creativa. Tanto a nivel doméstico como en el deseo de crear cosas nuevas, transformarlas y darlas vida. Juego con ideas, con mundos, con relaciones humanas complejas. Todo para crear una historia que consiga mover el interior de los lectores.
Hay personas que tienen el talento en hablar, otras en deportes, otros en lo económico o social. Yo lo hago escribiendo y es una de las mejores cosas que he ido aprendiendo y puliendo con el paso de los años.
La inspiración está en lo de siempre
La inspiración está incluso en los pequeños destalles, en el día a día, en conversaciones banales que permiten jugar con la creatividad y otras formas de interpretarlas. Utilizo vivencias propias y ajenas para dar forma a personajes y sus historias. Por ejemplo, en mi obra “Lucy”, tomo mi experiencia vital para dar forma a una protagonista y su mundo que, a pesar de su trayectoria vital, logra encontrar el amor en los lugares más insospechados.
También tengo una gran inspiración a través de la lectura. Hay obras que me han marcado de forma profunda y que me han servido de palanca para probar suerte con mis obras. Por poner un ejemplo, en “Muli Katany” tuve influencias de obras de fantasía tan reconocidas como “El Señor de los Anillos” de Tolkien o “Canción de hielo y fuego” de George R. R. Martin.
Cada libro que he leído ha implantado una forma de mirar, un ritmo y una creatividad que se ha plasmado en mis obras.
Escribo para dar forma a las ideas
Hay ideas que, cuando aparecen, sabes que tienes que hacer algo con ellas. No hablo de esa idea momentánea que sucede de la nada, sino aquella que aparece, te marca y sabes que tienes que hacer algo para darle vida. Es una sensación difícil de explicar y la escritura me ayuda a dar forma a ese tipo de ideas.
Y, una vez que tengo clara la idea, podría decirse que escribir se transforma en terapia y termina con la satisfacción de haberla hecho realidad.
Escribo porque me gusta ver cómo una idea crece, se transforma y acaba convirtiéndose en algo parecido e, incluso, distinto a lo que imaginé al principio. Porque la creatividad no es un chispazo momentáneo y efímero, sino que es un proceso.
Historias como espacio de exploración
Mis historias no nacen para dar lecciones, sino para dar rienda suelta a la imaginación de los lectores y que logren disfrutar y vivir la historia que les estoy contando. Que exploren el mundo desde una visión no solo creativa, sino también fantástica y realista. Cada personaje, territorio, diálogo, está pensado para que el lector explore su propia vida y vivencia.
Porque explorar no solo es tangible. Es imaginar, vivir con la historia y saber que ese relato dejará un poso en tu vida y que puede incluso marcar una forma de pensar. Si algo de lo que escribo se queda contigo, entonces tengo la satisfacción de que mi obra habrá hecho su función.
La creatividad como refugio y motor
Para mí, la creatividad está ligada de forma inherente a la libertad. No es solo un hobby, es una forma de ver la vida y mi refugio cuando la vida real puede convertirse en una losa complicada de saltar y soportar. Es el lugar donde puedo experimentar creando cosas que, con el paso del tiempo, tendrán vida para que el lector las pueda disfrutar.
Por qué sigo escribiendo
Después de 20 años, sigo escribiendo porque esa forma de arte logra emocionar incluso en los peores escenarios. Todavía hay historias que quiero contar, ideas a las que dar vida y sentimientos y emociones que quiero crear.
Cada texto es diferente y esto supone un reto: escribir una forma de obra, con un tono distinto, una historia diferente y emociones variadas. Escribir es como la propia naturaleza humana: hay tantas posibilidades como personas en el mundo. Porque cada persona, hecho y emoción es distinta y su historia merece la pena ser contada.
Eso sí, no escribo esperando gustar a todo el mundo. Mi forma de escribir es realista, gris incluso, para enfrentar al lector a sus propios pensamientos, sentimientos y emociones. Lo repetitivo y ordinario nunca cambió el mundo, sino que ha sido lo extraordinario.
Y todo sin perder la honestidad que siempre me ha caracterizado desde que comencé a escribir.
Un viaje que continúa
Confieso que me gustan los retos y siempre mirar al futuro. Mi viaje como escritora no está cerrado y, mucho menos, definido. Todavía mucho por explorar y escribir y pienso vivir lo que queda de vida (si las circunstancias lo permiten), escribiendo y dando vida a mis ideas.
Escribo porque me gusta y lo necesito y mi mente creativa nunca para. Por lo tanto, los amantes de mis obras no dejarán de disfrutar de las historias que les puedo contar.
Mis próximos pasos será continuar la saga “Muli Katany” y contar otras historias muy humanas.
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